La escasez y el incremento de costo del diésel responden a un fenómeno internacional provocado por conflictos bélicos que afectan el suministro del petróleo y sus derivados. Tras las tensiones iniciadas por la invasión de Rusia a Ucrania y las recientes hostilidades entre Estados Unidos e Irán, la cotización de los carburantes alcanzó cifras elevadas en los mercados internacionales. Esta situación genera desabastecimiento, presiones inflacionarias e interrupciones logísticas en países de América, Europa y Asia.
A nivel global, el precio del barril supera los 100 dólares, situación que incrementa los costos al consumidor en diversas naciones. En Estados Unidos el galón de diésel roza los 6,4 dólares, mientras en la Unión Europea los precios varían entre 2,03 y 2,60 euros por litro. En Latinoamérica, países como Paraguay, Venezuela y Ecuador afrontan también paros, suspensión de operaciones en surtidores y dificultades en el abastecimiento interno del transporte y la producción.
Frente a esta coyuntura y al gasto estatal derivado de la importación del carburante, el Gobierno boliviano dispuso eliminar la subvención al diésel para igualar su valor al mercado externo. La medida busca redirigir recursos de la subvención estatal hacia inversiones en infraestructura, salud y educación, en un contexto regional donde la tarifa final depende de las fluctuaciones internacionales y de los ajustes aplicados en cada economía.



