El gas licuado de petróleo (GLP) producido en Bolivia cruza la frontera hacia Perú ante la alta demanda generada por la diferencia de precios entre ambos países. Mientras en varias ciudades bolivianas se registran filas para acceder a este combustible, camiones y vehículos cargados con garrafas salen del país por rutas sin control efectivo, principalmente en la zona del lago Titicaca.
En sectores cercanos al hito fronterizo 1, se observa un intenso movimiento de transporte boliviano y peruano, especialmente durante ferias locales que funcionan los miércoles y sábados. En estos puntos, el gas boliviano se comercializa junto a otros productos como arroz, azúcar, aceite y huevos, sin presencia visible de autoridades aduaneras ni personal de lucha contra el contrabando.
El precio del GLP se multiplica del otro lado de la frontera. En localidades como Janko Janko, una garrafa alcanza hasta 50 soles, cifra que supera ampliamente el valor oficial en Bolivia, donde se comercializa en 22,50 bolivianos. En Desaguadero, Perú, el costo oscila entre 32 y 35 soles, y puede incrementarse si el comprador no cuenta con envase propio.
Desde el Gobierno se reconocen dificultades para frenar este ilícito y se señala que el contrabando migró hacia el gas tras cambios en la política de subvención a combustibles líquidos. El Ministerio de Hidrocarburos advierte que el tráfico de GLP representa un nuevo desafío para el control fronterizo y la seguridad del abastecimiento interno.



