«América Latina es y debe seguir siendo territorio de paz.
Por ello, se debe condensen con firmeza cualquier bombardeo o acción militar contra Venezuela. La violencia externa no resuelve conflictos internos; los agrava, los deshumaniza y vulnera principios elementales del derecho internacional.
Los desafíos políticos, económicos y sociales de Venezuela competen exclusivamente al pueblo venezolano. No son las bombas extranjeras, ni mucho menos las bombas gringas, las que pueden sustituir la soberanía popular, el diálogo político ni la autodeterminación de los pueblos.
Nuestra región conoce demasiado bien las consecuencias del intervencionismo: pérdida de vidas, fractura social y subordinación política. Por eso, levantar la voz frente a estas agresiones no es una consigna ideológica, sino una defensa histórica de la paz y la dignidad latinoamericana.
Defender a Venezuela hoy es defender un principio que nos concierne a todos: el derecho de América Latina a decidir su propio destino, sin amenazas, sin tutelas y sin violencia extranjera».



