Un informe de seguridad cibernética al que accedió EL DEBER reveló la existencia de al menos tres “granjas de bots” que habrían impulsado y amplificado las protestas contra el Gobierno y el Decreto Supremo 5503, norma que eliminó la subvención a los carburantes. Estas operaciones digitales estarían presuntamente vinculadas a los llamados “guerreros digitales”, relacionados con sectores afines al Movimiento Al Socialismo (MAS).
Según el reporte, la campaña se desarrolló principalmente en TikTok y Facebook, con un costo estimado de 140.000 dólares, y tuvo como objetivo instalar cinco ejes narrativos que luego derivaron en movilizaciones, bloqueos de carreteras, enfrentamientos y pérdidas económicas. La Policía Boliviana también tuvo acceso a esta información y participa en el seguimiento de los flujos de desinformación.
El análisis identificó patrones de “actividad inhumana” desde el 25 de diciembre, una semana después de la promulgación del DS 5503. A partir del 2 de enero, cuando se intensificaron las protestas en distintas regiones del país, el monitoreo detectó inicialmente 360 cuentas sospechosas, cifra que fue aumentando de forma sostenida.
De acuerdo con los especialistas, hasta la fecha se registraron cerca de 72,9 millones de visualizaciones distribuidas en más de 3.600 contenidos generados o amplificados por estas cuentas, un volumen que consideran imposible de producir de manera orgánica. Ocho de cada diez videos analizados tendrían origen o apoyo directo de bots.
El informe señala que la mayor concentración de actividad se registró en Cochabamba, La Paz, El Alto y Sucre. Entre los principales ejes narrativos se identificaron ataques al presidente Rodrigo Paz, pedidos de abrogación del DS 5503, respaldo a las protestas de la COB y el magisterio, apoyo a Evo Morales y mensajes favorables al vicepresidente Edmand Lara.
Las autoridades y expertos advierten que estas estructuras digitales continúan activas y operan de forma coordinada, utilizando patrones como publicaciones constantes, ataques sincronizados durante conferencias oficiales y repetición de errores ortográficos, elementos que evidencian una estrategia organizada de desinformación con fines políticos.



